Mikkeller Beer Celebration Copenhague 2017: el festival de los festivales

Hace una semana, los días 12 y 13 de mayo, Nómada participaba en el Mikkeller Beer Celebration de Copenhague. Era la primera vez que estaba invitada con sus cervezas y soy testimonio de que Passiflora, Marabunta, Royal Porter, Khanda, Revontulet y New England Juicy Ale -que son las cervezas que pincharon- cambiaron la cara de mucha gente.

Las expectativas puestas en este festival eran muy altas. Y no defraudó.

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Celebrando el éxito de las cervezas Nómada. Destacaron Revontulet, Khanda y New England.

Según Javi Aldea, “el MBCC para nosotros es levitar un momento, cargar energía. Estar rodeado como iguales con la gente que admiras. Intercambiar cerveza y experiencias. Tres días que dan valor y contenido al esfuerzo de todo el año“.

Había oído hablar mucho de este festival (que hasta el año pasado era conocido como CBC y ahora ha pasado a MBCC), el más prestigioso de Europa y, claro, uno de los mejores del mundo.  La organización, impecable, como no podía ser de otra manera en un país nórdico. Todo estaba pensado. 

¿Cómo funciona el MBCC?

Solo los cerveceros que han sido invitados por Mikkeller pueden participar en el Festival. Este año participaban 86 de las mejores cerveceras del mundo y 25 en la categoría de New Talents, como era el caso de Nómada. En total, 110 cerveceras.

Esta era la sexta edición del Festival y por segundo año consecutivo se ha celebrado en un enorme edificio del Meetpacking District de Copenhague.

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El festival se dividía en 4 sesiones (viernes mañana y tarde, y sábado mañana y tarde). De 9 a 14h por la mañana y de 16 a 20h por la tarde. Cuando se terminaba la sesión matinal, todo el mundo fuera, cerveceros incluidos, para que los voluntarios pudieran reemplazar los barriles y dejarlo todo limpio y en condiciones para la sesión de la tarde. 

Las entradas para el público en general se pusieron a la venta por internet en octubre del año pasado. Había varias opciones, desde la pulsera GOLD (unos 350€ que daban acceso a todas las sesiones 20 minutos antes que el resto), pasando por la SILVER (acceso a una de las sesiones 20 minutos antes que el resto) y la PINK (unos 250 euros que permitían la entrada a todas las sesiones en horario normal). La entrada regular para una de las sesiones (amarilla, azul, roja o verde, cada sesión tenía un color) costaba unos 67€.

Las entradas GOLD y SILVER, además de dejar entrar antes que el resto, tenían más “privilegios”, como una tote bag con cervezas y merchandising, una cerveza gratis en cuatro locales de Mikkeller en Copenhague y la entrada a un evento especial.

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Nuestras pulseras eran blancas.

En la entrada te daban un listado de las cerveceras/mapa del lugar, un ejemplar de la revista especializada Ferment y el vaso del festival de 10ml con la marca de cata a 5cl. Dentro, barra libre. Solo pagabas la comida, cuya oferta no estaba mal: ramen de Ramen to Biiru de Mikkeller, hot dogs, alitas picantes de pollo de Warpigs o bocadillos. En el estand del Mikkeller Beer Club había un puesto de helados hechos con la cerveza Beer Geek Vanilla Shake de Mikkeller.

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Vaso del festival y sencilla guía con la lista de cerveceras y, detrás, el mapa de los estands.

Había una zona reservada para los Brewers y acompañantes donde podías descansar en sofás (que de lejos parecían de cuero y que en realidad eran unos hinchables, pero daban el pego), bollería para desayunar y bocadillos el resto del día. Cerveza, agua y café. Echamos de menos algo de fruta, eso sí.

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Zona de descanso para cerveceros y acompañantes.

Me sorprendió que apenas hubiera niños en el festival (vimos dos o tres en total). Tampoco ninguna cervecera italiana (en el Barcelona Beer Challenge 2017 del BBF destacaron con muchos premios). Los baños impecables.  Y a pesar de la barra libre, no había mucha gente pasada. Muchos asistentes, pero en ningún momento sensación de agobio y casi siempre encontrabas un sitio u otro donde sentarte.

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Aquí estaban los New Talents.

Había varios estands de merchandising, un rincón para entrevistas, guardarropía y un puesto de tatuajes donde te podías tatuar el logo del festival, por ejemplo (sí, hay mucho friki).

Cuando abrían las puertas del Festival, el público (que había estado haciendo cola un buen rato) entraba corriendo como en las rebajas. Todo un espectáculo. Y es que los mejores cerveceros del mundo estaban presentes sirviendo sus creaciones, algunas muy difíciles de conseguir si no era en este festival. Se hacían colas, sí, pero avanzaban muy rápido ya que no existía el sistema de fichas para pagar. Pim pam. Y, oye, la gente se lo tomaba muy en serio.

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Dándolo todo.

De entrada, el vaso podía parecer muy pequeño. Y que te sirvieran solo 5cl, ridículo (aunque muchos te la llenaban hasta arriba). Pero era muy acertado. No os podéis ni imaginar la cantidad de cervezas que había. De esta forma, podías probar más cantidad de referencias.

Sin la app del festival no eras nadie

La aplicación para móvil en un festival como este era totalmente necesario. En ella podías ver qué cervezas se pincharían en cada sesión, marcar de antemano las que querías probar e ir a por ellas. No había pizarras. En la misma aplicación podías valorar las cervezas.

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El paraíso de la cerveza 

En general había mucha cerveza negra y cerveza ácida con frutas. No me perdí la Dark Lord’16 De Muerte de la americana Three Floyds Brewery, una Imperial Stout envejecida en barrica de Bourbon que no es muy fácil de encontrar fuera de su cervecería. Me enamoré de la Ay Que Rico de la también americana J. Wakefield Brewery, una Imperial Stout con dulce de leche envejecida también en barrica de Bourbon. Fantástica, repetí varias veces. Y las hidromieles me picaron la curiosidad. Me declaro fan de la americana B. Nectar Meadery (su Ow! My Mangoes!, una hidromiel con mango y habanero, dulce y picante, que me recordó a la Mango Magnífico con Calor de Founders; y me llamó mucho la atención la The Dude’s Rug, una sidra con té y especias de chai, curiosa). Y fan total de la también americana Superstition Meadery (su hidromiel Marion me transportó a mi infancia, me recordó al zumo concentrado de grosella negra que preparaba mi tía finlandesa). A parte de estas, probé muchas, muchísimas, cervezas más. Menudo paraíso.

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Cervezas que no parecían cervezas.

Me quedé con las ganas de probar la Lick My Bub, una Gose con frambuesa y regaliz de la sueca Brekeriet. Cuando me decidí, ya se había acabado. Y yo que me reía de los que entraban corriendo… ¡Igual hubiera tenido que hacer lo mismo!

Muy acertado que un festival de este tipo se celebre en una ciudad con una fantástica red de carriles bici. Por el pedal que te puedes llegar a pillar, digo. Bromas a parte, está claro que todo amante de la buena cerveza tendría que visitar el MBCC al menos una vez en la vida. Y el Warpigs, ¡¡¡también!!!!, el paraíso de la carne ahumada.

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Gracias de nuevo Javi, Sami, Facun y Maite por esos fantásticos días en Copenhague. (¿Estás riendo o llorando? Eso es lo que te preguntan cuando lloras de risa.)

En la cuenta de Instagram de Nómada puedes encontrar más fotos de estos días en Copenhague.

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